Traducción

Ser traductor: fuera estereotipos

Un traductor no necesita utilizar un diccionario

Falso. Como se suele decir, los traductores no son enciclopedias. Un traductor debe efectuar búsquedas de aquellos términos que desconozca. Solo cuando entienda bien la palabra en cuestión, será capaz de encontrar los equivalentes en otros idiomas.

¡El texto es corto, seguro que se traduce rápidamente!

Falso. Al fin y al cabo, a todo profesional que se precie le gusta dar a su cliente el mejor trabajo posible. Todo depende del texto, de los términos específicos que pueden requerir una mayor investigación. A veces se dedica más tiempo a un texto corto que a un texto largo. Muchos traductores agradecen que sus clientes les den el tiempo necesario para traducir correctamente.

No, interpretar no es lo mismo.

Falso. Un traductor traduce un texto escrito, mientras que un intérprete traduce un discurso oral. Para comparar más concretamente, un intérprete tiene que recordar una gran parte de un discurso durante un momento y luego traducirlo oralmente, solo que un traductor tiene todo el tiempo del mundo para volver a la misma frase varias veces y luego traducirla. Un traductor es también un autor, el autor de estas traducciones y un intérprete debe tener la capacidad de imitar los tonos y las emociones mientras traduce el discurso escuchado en el idioma original.

¡Cualquiera puede traducir, siempre que hable dos idiomas!

Muchas personas, cuando hablan una lengua distinta a la materna, creen que pueden traducir correctamente. No es tan sencillo. Para traducir hay que tener capacidad para hacerlo, habilidades específicas, experiencia…

 

Soline Rambault

 

(ESTUDIANTE DE LEA, EN PRÁCTICAS CON MARGARIDA LLABRÉS ROTGER, EMPRESA INDIVIDUAL DE TRADUCCIÓN E INTERPRETACIÓN)
Traducción

La condición del traductor

La condición del traductor

A veces, la condición del traductor puede parecer extraña, con sus altibajos, sus carreras de palabras, sus complicadas cuentas, sus clientes provenientes de una gama tan amplia como esas antiguas películas de fotos interminables. Hacer malabares es una expresión que nos define bien, creo. Malabares con las palabras y con lo accesorio. Es exactamente eso.

En los últimos meses, salto de una condición a otra, siempre con la esperanza de encontrar el resultado más favorable, la palabra correcta, el cliente que más conviene. Y brinco y todo está en ebullición, en la cabeza, en los archivos, en los correos electrónicos y hasta en los proyectos que vagan en la imaginación.

Este año, a diferencia de lo que hice en años anteriores, no vine a dejar algunas palabras con motivo del aniversario de mi empresa ArtiLingua, traducción, redacción, comunicación. El cumpleaños es el mes de enero. Pero no vine porque estaba muy ocupada con esta extraña condición que se adhiere a la piel de los traductores, y quizás también a algunas profesiones digitales.

La extraña condición de

No saber de qué estará hecho el día siguiente, la semana siguiente o el mes que viene
Contar palabras hasta el infinito, hasta aburrirse casi
Sentir que estamos al final de la cadena de producción
Recibir encargos que, misterios de la vida, muchas veces son urgentes
Tener que luchar, a veces, con archivos que son la fobia de muchos traductores, en particular, PowerPoint, Excel y archivos PDF escaneados
No tener tiempo para si mismo durante tres semanas seguidas
Tener demasiado tiempo para si mismo
Admirar la cuenta corriente profesional que está a rebosar… y preocuparse por esa misma cuenta seis meses más tarde
Tener que renovarse constantemente o casi… y tener constantemente que cuestionarse
Ese nudo en la boca del vientre cada vez que enviamos presupuestos interesantes, porque sabemos que hay docenas de otros solicitantes
La confidencialidad que nos une a ciertos proyectos y el silencio que nos obliga a guardar, símbolo de una felicidad reprimida
Escribir mucho, siempre, porque traducir es escribir, y no ver su nombre publicado
Ser autor a pesar de todo
Ser un autor transparente. A fin de cuentas parece ser que una buena traducción es aquella en la que no se intuye ninguna huella del traductor
Trabajar codo a codo con desarrolladores, programadores y mucha-gente-más cuando escribimos y traducimos para Internet

Y podría seguir con una lista larga como el brazo.

Hay solo dos cosas que pueden borrar los contratiempos de nuestra bonita condición: ¡la pasión y la devoción!

Hay solo una cosa que cuenta: ¡el amor!

Amor a las lenguas
Amor a nuestro oficio
Freelance

Ser capaz de hablar(escribir) sobre todo sin conocer todo: el traductor

Ser capaz de hablar(escribir) sobre todo sin conocer todo

Me dijeron un día. Cuando era joven. Más joven, quiero decir.
Y a lo largo del tiempo, de los años, a lo largo de las palabras también, asiento tranquilamente ante ese enunciado tratando de la traducción.

Y sonrío. En primer lugar porque me gusta sonreír (sonreír me produce más dulzura que reír, por eso me gusta sonreír) pero también porque a veces me resulta algo raro responder «de todo» a la pregunta de «¿qué cosas/temas traduces?»

Traductora freelance español francés c

Traductora freelance español francés cY continúo traduciendo. Interrogándome y perdiéndome en los meandros lingüísticos y contextuales de mis textos, de mis palabras, de mis frases. Artículos, palabras clave, fichas de productos, guías, informes institucionales, contratos, folletos informativos, posts y publicaciones de community management, novelas… Automóvil, prêt-à-porter, alimentos, historia, arquitectura, genealogía, calzado, turismo, cocina..

Y me gusta tratar con agencias de posicionamiento web, con instituciones públicas, con empresarios, con starts-up, con colectivos de CM, con editoriales, con gente de aquí y gente de allí.

Me gusta la no-rutina.

Y continúo traduciendo y escribiendo: «un traductor es el autor de un texto».

Me dijeron también un día. Otro día. Y sonrío, otra vez. Siempre.

Y me convierto en contadora de palabras. Cuento las palabras para contar historias. Sí, es así. Saber cuántas palabras caben en una página. Ese aspecto lo comparto con mi actividad de redactora.

A veces también refunfuño. Sí, y ahí ya no sonrío. Refunfuño por los plazos siempre cortos, demasiado cortos. Ese es uno de los mitos del traductor que bien podría pasar de mito a realidad. Pero bueno, digo, pero bueno…Porque en realidad me gusta. La elegí, lo elegí, la traducción, el oficio.

Porque traducir me produce esa satisfacción del incansable viajero. Aprendo. Siempre. Cada traducción me enseña algo. Un pedacito de encaje, un trocito de paraíso, un producto, un estilo de vida, una fragancia de perfume.

Traductora freelance español francés c
Y hoy he venido aquí para dejar esa palabras, porque sí. Simplemente, porque sí. Porque tenía algo de tiempo (antes de empezar un fin de semana que voy a pasar traduciendo) y me dije, pero bueno ma fille, ¡casi nunca hablas de tu oficio! Cierto es que ya he hablado de redacción, nunca de community management. Un día, quizá, o no. Dependerá del humor del día. No soy una bloguera de calendario pero sí soy una traductora con voluntad. Y je vous aime ♥

Margarida