Aprendizaje

Progresos de una pequeña bilingüe (y algunas herramientas)

 

niños bilingües

 

Renacuaja, sonriente y jovial, un poco cabezota, curiosa, le encanta hacer piruetas y dar vueltas como una mariposilla revoltosa y sobre todo, repite, repite, lo repite todo como un lorito! A dos días de sus 19 meses, nuestra Princesita resulta ser una gran comunicadora. Nada de excepcional, Princesita es como las otras princesitas y nosotros somos padres como los otros padres.

Pero silenciosamente y de reojo, la observamos evolucionar lingüísticamente. Mi mirada y la de ChériGuiri se cruzan a veces queriendo mostrar la sorpresa e interrogándonos sobre las razones por las cuales en un momento dado elige hablar en una lengua y no en la otra. Sé muy bien que los niños son niños y que no tengo delante de mi una máquina pero, a menudo, me encantaría poder descodificarla como si de un artefacto se tratara. Me gustaría tanto inmiscuirme en el cerebro de esta niñita y comprender el funcionamiento del mecanismo lingüístico. Desde que vivimos esta aventura del bi-trilingüismo, tengo la impresión de que la Princesita se ha convertido en una caja de sopresas:

– A veces, durante semanas designa algo en francés y tres semanas después cambia y lo dice en catalán…
– ¿Por qué tiene tan inculcado su «au revoir» hasta tal punto de no decir nunca «adéu»?
– ¿Por qué siempre es «aigua» y nunca «de l’eau»?
– ¿Por qué decide poner un acento y no el otro en palabras casi-homófonas como «ma»/»main» – «maman»/»mamà» – «caca» – «bebé» – … ?
– ¿Por qué ahora el «pié», seguramente del francés «pied» parece que sea del español «pie» y no del catalán «peu»?
– ¿y por qué, por qué, por qué?

Me encanta tomar nota «mentalmente» de sus costumbres y progresos lingüísticos. Y aunque sepa muy bien que no tengo ningún poder de decisión sobre ello, sigo teniendo algo de miedo de que mis lenguas maternas se vean relegadas a un segundo plano. Voy a intentar que no sea así.

Métodos y herramientas

De momento utilizo los mismos métodos de los que hablé hace algunos meses (dando prioridad al método OPOL). Por ahora, no le gusta nada quedarse delante de la tele pero a veces intento ponerle algún DVD de la serie de la gallinita Koki que, dicho sea de paso, es una gallinita que habla un idioma universal «koki-ko ko-ko-ki-koko» (o sea que no sé por qué el DVD me da a elegir entre catalán o castellano, es un poco surrealista). ¡Se trata de una gallinita muy conectada y moderna, os lo aseguro, incluso tiene un Google + y una página Facebook! También me gusta ponerle la muy lograda serie de los Baby Einstein…pero vamos, de momento esta técnica no tiene mucho éxito, a los cinco minutos ya está harta de tele y se pone a bailar!

En cualquier caso, voy a continuar, de vez en cuando, a informaros de las aventuras de la Princesita bi-trilingüe y sus amigos profes de lenguas, es decir, sus peluches, sus doudous, los libros (una super tienda online en Francia es Linguatoys), las canciones… !

Freelance

La tenacidad del ballet y los freelance

tenacidad de un freelanceser tenaz para ser freelance

No os equivoquéis, no creáis que os cuento todo sobre mí. Soy algo púdica, ya sea de manera consciente o no. Pero aunque no os cuente mi vida privada, sé que el pincel que utilizo deja entrever, a veces, algunos aspectos más personales. Mientras pensaba en todo eso, me dí cuenta de que nunca os había hablado de mi amor por la danza clásica.

A los cinco años empecé a tomar clases de ballet con una profesora suramericana que vivía en mi isla. A los cinco años ya tenía mis medias-puntas, mis maillots y una cabellera bien espesa que mi madre adoraba peinar para atrás para recogérmela en un bonito moño.Algunas muecas para defenderme de ese peine que tiraba con ganas sobre mis rizos. La profesora, un poco seca y severa, nos abandonó al cabo de un año. Como hace unos treinta años no era fácil encontrar en la isla clases de ballet, me decanté por la gimnasia rítmica. Desde los 6 años hasta los 16, parte de mi vida giró entorno a este deporte. Muchas horas de entrenamiento. Aunque no sea a nivel profesional, en este deporte siempre están omnipresentes las nociones de tenacidad, perseverancia y el querer estirar la pierna más lejos aún. Para nosotras era importante ser las mejores frente a nuestras contrincantes regionales. Pasamos muchas, muchísimas horas estirando los músculos, horas con el moño puesto. Me encantaba este deporte y me sigue encantando. Con la cinta, con la cuerda o con el aro. Hacerse con cada unos de estos instrumentos hasta conseguir que bailen al ritmo de nuestro cuerpo.

Amar la danza clásica u otros deportes como la gimnasia rítmica significa pues, ser tenaz, tener confianza en uno mismo, no tener miedo al dolor ni a las agujetas, saber que los pies te van a doler, tener fuerza de voluntad, ser capaz de repetir mil veces los mismos movimientos hasta conseguir un resultado final simplemente perfecto y exacto. Ser capaz, también, de presentarse sola en el tatami, delante de un jurado que no suele sonreir demasiado y dar lo mejor de uno mismo con mucha seriedad y una pequeña sonrisita.

Tenacidad, perseverancia, horas de entrenamiento, no tener miedo a presentarse sóla… son palabras y expresiones que me recuerdan, también, mi vida de freelance. Rasgos y factores capitales para tener éxito en esa aventura profesional en solitario:

– Trabajo sola pero no pasa nada, me entreno a diario para dar lo mejor de mi misma.
– Tenacidad, obstinación, terquedad… y otros tanto sinónimos para mostrar que necesitamos de todo eso para arrancar la aventura pero también para continuarla. No tirar la toalla.
– No cansarse de entrenar y de entrenar, y de ensayar también porque solamente así, seremos capaces de producir nuestros mejores resultados tanto en calidad como en ganancias.
– La cinta, la cuerda o el aro, tantos instrumentos como clientes distintos con los que trabajaremos a lo largo de nuestra carrera, aprendiendo a comprenderlos.

En fin, me gusta imaginar una vida de freelance como una bonita prestación de danza clásica que desprende ligereza y gracia pero que esconde el trabajo hecho con obstinación y, sobre todo, con mucha mucha pasión. Porque sin pasión, ¡no quedarían bailarines para el vals de los freelances!

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Web

Lugar juicioso y razonable de las redes sociales

Lugar de las redes sociales

Estas últimas semanas, muy ocupada con mi trabajo, gran suerte me diréis, cierto, digo yo, me he planteado varias veces, entre traducción y redacción, cuál es el lugar de las redes sociales en mi vida, en la vida de los demás y la vida a secas.

Estoy presente en varias redes sociales, esperad a ver… que las cuente: 1, 2, 3…6. Sí, es eso, tengo 6 perfiles en redes diferentes. Perfil, he aquí un término que ha encontrado una nueva acepción en los últimos años. A veces, me pregunto sobre la autenticidad de estos perfiles. Bueno, no sobre la autenticidad de los míos, que yo soy sincera,… Pero, ¿y los demás? Una pregunta más a la que no he encontrado aun respuesta. Después, viene también el tema muy importante del tiempo que dedicamos a estos perfiles sociales.

Y es precisamente este aspecto que me mordisquea desde hace unas semanas. Como ya os he dicho, he estado ocupada trabajando y, por consiguiente, he tenido menos tiempo para las redes sociales. Y para el blog, vamos, ya habréis visto que mi ritmo de publicación ha bajado un poco. En fin, lo que ha pasado es que he sentido que me ahogaba en medio de este gran mar que es el conjunto de redes sociales. Abría uno de mis perfiles, Hellocoton, y venga artículos en lista de espera para ser leídos; amigos de mi perfil personal de Facebook que a veces explican cosas interesantes; fans de mi página facebook profesional que comparten artículos importantes; informaciones igualmente útiles e incluso ofertas de trabajo que desfilan a toda velocidad en Twitter; preciosas imágenes en Pinterest, un perfil que no abro muy a menudo puesto que es una verdadera caverna de Alibaba, perfecta para una noche en solitario puesto que puede quitar mucho tiempo; Google + que quizá me ayude para el posicionamiento, por lo que no puedo dejarlo completamente apartado; e Instagram, la red social que últimamente me deja perpleja porque tengo la impresión que hay gente que se pasa el día sacando fotos y publicándolas, mientras que yo me lo miro un poco cuando paro para comer y otro poco por la noche.

¿Estamos pues perdiendo el verdadero sentido de la vida a causa de todas esas redes sociales?

Ya sabéis que a mi me gusta vivir al día. Me gustan las redes sociales, no estoy para nada en contra. Es más, también forman parte de mi trabajo. Pero un día empecé a sentir una especie de frustración porque no tenía tiempo de contestar a los comentarios de mis lectores «puntualmente», porque veía pasar artículos y otras informaciones interesantes pero no tenía tiempo de comentarlas y leerlas tranquilamente, etc. Y este sentimiento de frustración lo he guardado durante todo este periodo de bastante trabajo. Cuando me dí cuenta de esta «frustración» (bueno, tampoco creáis que estoy para ir a una terapia) porque no conseguía cumplir con mi deber frente a las redes sociales, supe que tenía que replantearme todo eso.

Y aquí me tenéis, hablando de todo esto. Porque muchas veces me gustaría saber cómo hace la gente, cómo lo hacen para tener una vida, es decir, un trabajo, una casa, puede que niños, familia, la compra que hacer, un montón de ropa para planchar (sí, sí, la vida puede ser así de glamourosa), papeles que rellenar, platos también para llenar y una larga lista que, después de todo, es LA VIDA, la verdadera, la vida a secas!

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