Lifestyle

4 años de una boda de 12 en Menorca

Una boda íntima en Menorca

A veces leo que si las bodas esto o aquello, que si hay gente a quién les gustan las bodas y otra gente que las odia, los que se sienten forzados a hacer grandes bodas, los que se pelean mientras organizan la boda, aquellos otros para quienes una boda es algo sumamente importante, los que…

Y hoy, simplemente, tengo ganas de deciros que para mi una boda debe, ante todo, asemejarse a los novios y que una pequeña boda e íntima puede también resultar muy bonita y emotiva. ¡Nosotros lo hicimos y hoy hace 4 años de ello!

Decidimos casarnos en enero de 2011. Sin pedida, sin más historias. Lo hablamos con una copita de vino blanco en casa, un viernes por la noche de invierno. Él no es fan de bodas. Yo no soy fan de fiestas con tropecientos invitados. Él dice no tener nada que demostrar ante los demás, que me ama, que nos amamos. A mi no me gustan los vestidos largos de novia, ni parecer un merengue. Pero lo hablamos y supimos que era mejor si nos casábamos. Somos de nacionalidades distintas, europeos los dos, cierto, pero como queríamos tener hijos, queríamos que los papeles estuvieran en regla. La unión civil en Francia no significa nada en España y viceversa.

Una boda íntima en MenorcaUna boda íntima en MenorcaUna boda íntima en MenorcaUna boda íntima en Menorca

Y finalmente decidimos, con una gran sonrisa, celebrar una boda sencilla pero bonita, romántica y en un marco precioso. Decidimos casarnos ese verano mismo, en 2011. Menorca resultó ser el lugar ideal. La isla es magnífica y además esa sería la ocasión para que la familia de ChériGuiri la descubriera. En seis meses lo organizamos todo: restaurante, ayuntamiento, vestido blanco corto (eso me encantó), flores, peluquería…lo hicimos todo sin estrés, como nos gusta. Además, a distancia, con la ayuda de mis padres y un único viaje previo y relámpago que yo hice un par de meses antes.

Fuimos 12, nosotros incluidos. Los padres de ChériGuiri, su hermano y su hermana, mis padres, uno de sus mejores amigos como testigo, con su mujer y una de mis mejores amigas como testigo, con su chico. Tanto nuestras familias como nuestros amigos entendieron a la perfección nuestro deseo de una boda sencilla y es que no siempre es fácil de hacer viajar la gente, hacer coincidir fechas, etc. Si ya es difícil, a veces, organizar una boda entre dos personas de una misma ciudad o de un mismo país, imaginaos cuando «coger aviones» se convierte en primordial para asistir a dicha boda. Además y sobre todo, no queríamos que nuestra posible lista de invitados se perfilara en función de la capacidad económica de la gente, me explico: Menorca es una bella isla pero sigue estando un tanto mal comunicada y es un poco caro llegar.

Una boda íntima en Menorca

Así pues, y ya hace 4 años de eso, celebramos una boda muy a imagen nuestra, en una isla magnífica, con unas familias felices y con seres queridos que entendieron nuestra elección. Nos sentimos amados, rodeados, respetados, dijimos Oui, dijimos Sí.

Porque una boda no es para ponerse de los nervios, una boda debe ser realmente como la soñamos o al menos ese es nuestro punto de vista!
Fotos de Damià Rotger y de la web del Hotel Son Granot donde se ofició la ceremonia
Vivir en el extranjero

Y los tres juntos de nuevo

Vivir con un pie en cada país. Soñar con el aquí y el allí. En Bretaña o en Menorca, amarse mucho, mucho. Y mirar las estrellas como brillan en el mismo cielo para aprender a vivir separados durantes unas semanas. Largos días que en realidad son cortos. Dejarse invadir por una especie de nostalgia, melancolía, añoranza y echar de menos esa persona que amamos, ese papa genial siempre presente.

Famille réunie

Nos enamoramos y con nosotros nuestras patrias se amaron, más fuerte aun. Para no olvidar nuestras familias, nuestras costumbres y todas esas cosas de allá de donde uno viene y que nos han forjado y nos han hecho fuertes. Él y yo.

Y ella. Esta Princesita franco-española, bretona-menorquina que se adapta a la velocidad de la luz. Una niñita sonriente y alegre que dice Sí dice Oui. Un bebé viajero que casi tiene la impresión de tener varias habitaciones. Una niña que dice Au revoir papa en la terminal del aeropuerto y que dice Hola papá cuando él baja del barco después de una larga travesía para reencontrarnos.

Y ya está aquí (por fin) y le esperábamos con los brazos abiertos. Hemos disfrutado de esta familia menorquina, de esta isla de aguas turquesas, de este acento del sur, nos adaptamos, vivimos separados durante unas semanas al año para saborear esos bonitos reencuentros. Semanas separados que no hacen más que regar ese amor que crece.

Porque hemos aprendido que una vida en el extranjero también es eso. Una vida y dos países. Una vida bicultural bilingüe plurilingüe. Hemos aprendido a ser una pequeña familia de tres que saborea cada instante ya sea aquí o allí. Somos franceses, somos españoles, somos bretones y somos menorquines.

Y ante todo, somos amor y sí, por fin los tres!

Vivir en el extranjero

Cuando el expatriado se va a casa de vacaciones, necesita tiempo para aclimatarse

Recién llegadas y ya estamos inmersas en la rutina del ritmo del pueblo. Isla de la calma, de la paz, isla de la tranquilidad y que se transforma en verano. Como tantos otros sitios insulares. De turisteo, todavía no hemos ido.

Las vacaciones del expatriado

Un torbellino de calor

Y aquí estamos, en medio de ese torbellino de calor. Ola de calor, dicen. Un calor que ahoga, una relación de amor-odio es lo que tenemos con ese calor. Un calor que nos azota para que no olvidemos que estamos viviendo un «verdadero verano», como dice la gente mayor. Nos lo habían dicho, estábamos avisadas : ¡este año hace mucho calor! Y es cierto. Y aunque parece que podría ser fácil porque hemos tenido la suerte de vivir una canícula en el norte de Francia, pues no lo es porque bueno, como deciros que una canícula del norte de Francia es un poco un chiste al lado de ese calor de aquí. Humedad pegajosa, temperaturas mínimas que no bajan de los 28°C, temperaturas ambientales de 40°C… He aquí el boletín meteorológico de Les mots de Marguerite !

Aclimatarse….cuestión de tiempo

Y es que a veces, el clima es importante porque lo puede cambiar todo. El clima y ese tiempo para aclimatarnos… Bajar del norte con un vuelo directo (pura maravilla, sobre todo cuando se viaja con un bebé, -aunque bueno, eso de pagar billete entero para un crío que no aguanta ni dos segundos en el asiento… tema para otro billete!-), dejar atrás el cielo gris (sí, porque bueno, la canícula duró realmente cuatro días) y empezar a vivir la rutina, las costumbres, los horarios cambiantes mutantes y dejar que el sol penetre nuestra piel, nuestros ojos y nuestros corazones!

El expatriado está en casa sin realmente sentirse en ella

Y los primeros días, uno hace como mejor sabe. Porque nos esperan y nos acogen con los brazos abiertos, con una gran sonrisa y con mil cosas para contar y para vivir pero en una rutina que para ellos no cambia mucho. Y así pues, nosotros (yo) necesitamos unos días de adaptación porque estamos en casa sin realmente estarlo, porque venimos de vacaciones «a casa», que tenemos ganas de disfrutar de ellos, de nuestros seres queridos y de saborear cada minuto y a la vez, una vida de freelance hace que también tengamos que encontrar tiempo para trabajar…y nos apañamos, como podemos.

Y ya está, porque en el fondo sabemos que dentro de tres días haremos como ellos : comeremos a horas veraniegas del sur y saldremos y entraremos de casa sin orden ni desorden y la rutina de la campiña nantesa nos parecerá lejano, muy lejano y después, a finales de agosto, no querremos volver. ¡Siempre entre dos aguas, así es tener una vida en el extranjero!

Porque he vivido 18 años aquí. Y ya casi tengo 36. Llegamos al ecuador y ahí dentro hay mariposas y torbellinos. Y soy de aquí pero necesito unas horas, unos días de adaptación. ¡Y todo eso parece raro!

Ese es un artículo de aclimatación, sin pies ni cabeza, un poco a imagen de esas últimas horas vividas aquí. Con una gran sonrisa y un poco de cansancio, mucho sol y una pequeña penumbra gris porque #pensamosenpapá que se ha quedado a 1 000 Km. Pero finalemente, marchamos y jugamos sobre esa arena blanca, playa de la niñez y ya nos sentimos mejor...