Lifestyle

36

cumpleaños

36 años. Ya.

36 flores. 36 sonrisas y trocitos de carcajadas. 36 veces de soplar y de cantar y de llorar y de besar. O quizá más, quizá menos.

Un día caluroso y ventoso de un mes de agosto. Cuando todo el mundo está de vacaciones, dar un buenos días discreto y unos sollozos, símbolo de vida. Y avanzar y amar eternamente este mes tan veraniego, imágenes de arena caliente, de amores de verano, de recuerdos para siempre jamás gravados.

36. Un año equinoccio. 36 dividido entre dos y el tiempo que abrí las alas, sola, siempre con esa bonita isla como base. 36 años de aventuras con ellos, con vosotros también.

Y dar las gracias por esas 36 maravillas vividas. Sin fasto, sin manteles dorados ni candelabros. En la playa, bajo los pinos. Y murmurar millones de gracias de un lado y de otro, susurrar a todas esas manos amistosas gracias merci gràcies que van llegando desde hace algunos días, y a los que aún quedan por llegar porque el mes de agosto es eso, olvidar y acordarse y estirar los días que pasan.

Y comer un pastel, comer pasteles en familia, con mis amores. Hacer plof en el mar, en la piscina y darse cuenta que, finalmente, 36 es una bonita cifra. Abrir grande muy grande el corazón, respirar y S O N R E Í R, más aún!

Lifestyle

4 años de una boda de 12 en Menorca

Una boda íntima en Menorca

A veces leo que si las bodas esto o aquello, que si hay gente a quién les gustan las bodas y otra gente que las odia, los que se sienten forzados a hacer grandes bodas, los que se pelean mientras organizan la boda, aquellos otros para quienes una boda es algo sumamente importante, los que…

Y hoy, simplemente, tengo ganas de deciros que para mi una boda debe, ante todo, asemejarse a los novios y que una pequeña boda e íntima puede también resultar muy bonita y emotiva. ¡Nosotros lo hicimos y hoy hace 4 años de ello!

Decidimos casarnos en enero de 2011. Sin pedida, sin más historias. Lo hablamos con una copita de vino blanco en casa, un viernes por la noche de invierno. Él no es fan de bodas. Yo no soy fan de fiestas con tropecientos invitados. Él dice no tener nada que demostrar ante los demás, que me ama, que nos amamos. A mi no me gustan los vestidos largos de novia, ni parecer un merengue. Pero lo hablamos y supimos que era mejor si nos casábamos. Somos de nacionalidades distintas, europeos los dos, cierto, pero como queríamos tener hijos, queríamos que los papeles estuvieran en regla. La unión civil en Francia no significa nada en España y viceversa.

Una boda íntima en MenorcaUna boda íntima en MenorcaUna boda íntima en MenorcaUna boda íntima en Menorca

Y finalmente decidimos, con una gran sonrisa, celebrar una boda sencilla pero bonita, romántica y en un marco precioso. Decidimos casarnos ese verano mismo, en 2011. Menorca resultó ser el lugar ideal. La isla es magnífica y además esa sería la ocasión para que la familia de ChériGuiri la descubriera. En seis meses lo organizamos todo: restaurante, ayuntamiento, vestido blanco corto (eso me encantó), flores, peluquería…lo hicimos todo sin estrés, como nos gusta. Además, a distancia, con la ayuda de mis padres y un único viaje previo y relámpago que yo hice un par de meses antes.

Fuimos 12, nosotros incluidos. Los padres de ChériGuiri, su hermano y su hermana, mis padres, uno de sus mejores amigos como testigo, con su mujer y una de mis mejores amigas como testigo, con su chico. Tanto nuestras familias como nuestros amigos entendieron a la perfección nuestro deseo de una boda sencilla y es que no siempre es fácil de hacer viajar la gente, hacer coincidir fechas, etc. Si ya es difícil, a veces, organizar una boda entre dos personas de una misma ciudad o de un mismo país, imaginaos cuando “coger aviones” se convierte en primordial para asistir a dicha boda. Además y sobre todo, no queríamos que nuestra posible lista de invitados se perfilara en función de la capacidad económica de la gente, me explico: Menorca es una bella isla pero sigue estando un tanto mal comunicada y es un poco caro llegar.

Una boda íntima en Menorca

Así pues, y ya hace 4 años de eso, celebramos una boda muy a imagen nuestra, en una isla magnífica, con unas familias felices y con seres queridos que entendieron nuestra elección. Nos sentimos amados, rodeados, respetados, dijimos Oui, dijimos Sí.

Porque una boda no es para ponerse de los nervios, una boda debe ser realmente como la soñamos o al menos ese es nuestro punto de vista!
Fotos de Damià Rotger y de la web del Hotel Son Granot donde se ofició la ceremonia
Vivir en el extranjero

Y los tres juntos de nuevo

Vivir con un pie en cada país. Soñar con el aquí y el allí. En Bretaña o en Menorca, amarse mucho, mucho. Y mirar las estrellas como brillan en el mismo cielo para aprender a vivir separados durantes unas semanas. Largos días que en realidad son cortos. Dejarse invadir por una especie de nostalgia, melancolía, añoranza y echar de menos esa persona que amamos, ese papa genial siempre presente.

Famille réunie

Nos enamoramos y con nosotros nuestras patrias se amaron, más fuerte aun. Para no olvidar nuestras familias, nuestras costumbres y todas esas cosas de allá de donde uno viene y que nos han forjado y nos han hecho fuertes. Él y yo.

Y ella. Esta Princesita franco-española, bretona-menorquina que se adapta a la velocidad de la luz. Una niñita sonriente y alegre que dice Sí dice Oui. Un bebé viajero que casi tiene la impresión de tener varias habitaciones. Una niña que dice Au revoir papa en la terminal del aeropuerto y que dice Hola papá cuando él baja del barco después de una larga travesía para reencontrarnos.

Y ya está aquí (por fin) y le esperábamos con los brazos abiertos. Hemos disfrutado de esta familia menorquina, de esta isla de aguas turquesas, de este acento del sur, nos adaptamos, vivimos separados durante unas semanas al año para saborear esos bonitos reencuentros. Semanas separados que no hacen más que regar ese amor que crece.

Porque hemos aprendido que una vida en el extranjero también es eso. Una vida y dos países. Una vida bicultural bilingüe plurilingüe. Hemos aprendido a ser una pequeña familia de tres que saborea cada instante ya sea aquí o allí. Somos franceses, somos españoles, somos bretones y somos menorquines.

Y ante todo, somos amor y sí, por fin los tres!