Vivir en el extranjero

Sentimiento de pertenencia transtornado

Nos fuimos. Y volvimos. Dos, luego tres. Marchar con la sonrisa puesta y el corazón alegre, con vestidos de volantes y zapatitos de verano, dos maletas en la mano. Y volver más cargados, con lagrimillas en los ojos, sonrisas mecánicas, el corazón encogido, el maletero repleto. Horas vacilantes, una travesía marítima y mucha carretera. La cabeza a punto de explotar y ver el agua pasar, las líneas blancas desfilar. El corazón vacío y algunos juegos infantiles. Y aquí estamos, tampoco tan mal. En casa. En su casa. En mi otra casa. Con proyectos en mente.

Fue un verano cargado, viajero, aplicado…
Fue una época de sensaciones, de sentimientos, de reencuentros…

Sentimiento de pertenencia transtornado

 

A medio camino entre la autóctona y la turista

Viajar por razones profesionales y recorrer un trozo de mi tierra, de su tierra. Hacer como los turistas sin realmente serlo. Y tener que responder acerca de este acentillo “ah pero de dónde eres -ah sí, entiendo, un poco de acento francés” mecachis mecachis y más mecachis ya no puedo esconder mis muchos años viviendo en Francia. Callejear por la bonita ciudad de Palma de Mallorca y oír los turistas hablar sobre esta bonita isla, exclamándose y extrañándose y se hacen preguntas y yo también me extraño, ah no, yo no, yo nací aquí, es mi tierra, son mis islas. Entiendo sus observaciones, sus puntos de interés pero luego pienso que no, que qué dicen, aquí es así y punto. Y después Menorca y los Franceses que llegan a raudales. Pasar una noche de fiestas patronales con una pareja llegada de Lille (FR), oyeron a mi ChériGuiri hablar y se acercaron y pasar el tiempo con ellos hablando de caballos menorquines, de costumbres españolas, de calas y de paseos. Mis amigos rondan por ahí, no están lejos, su vida es aquí, la mía no. Ya no.

Son mis islas. ¿Eran mis islas?

Y reencontrarme con ellos también. Ellos volvieron a su casa. Yo no. Bonitos años pasados en la capital europea. Ebullición y efervescencia. Años pasados. Ya transcurridos. Volverlos a ver una década más tarde en su isla. Su isla de siempre. Serenos, en familia. Dónde dices que vives, dónde es eso, Nantes, el oeste, la Bretaña, sabéis aquí en el mapa de Francia. Ah sí! Ja ho veig. Y ella también que después de dieciocho años, al igual que yo, decide solicitar una año para ejercer en su isla, mi isla, para su familia. Acercarse. ¿Y yo?

Sentimiento de pertenencia transtornadoSentimiento de pertenencia transtornado

Intentar vivir, lo que dura el verano, al ritmo de los turistas pero no, no puedo, no lo soy. Pero sí, muchas ganas de sol de playa de paella y de baños en el mar. Ellos, a ellos aún les queda septiembre, o mayo.

Intentar vivir, lo que dura el verano, al ritmo de los autóctonos pero no, no puedo, no lo soy. Ya casi no lo soy.

A medio camino. ¿Qué soy yo?

A. Xumet, poeta mallorquín decía: "Nuestra tierra no está allí donde nacemos, sino donde nos esperan". ¿Qué pensáis de ello?

—-

Sabéis, podéis encontrar a Antoni Xumet, poeta mallorquín, en la antología trilingüe Majorque, l’île aux poètes (Ed. Illador, 2009). Formé parte del equipo de traductores y fue una aventura formidable.

Lifestyle

36

cumpleaños

36 años. Ya.

36 flores. 36 sonrisas y trocitos de carcajadas. 36 veces de soplar y de cantar y de llorar y de besar. O quizá más, quizá menos.

Un día caluroso y ventoso de un mes de agosto. Cuando todo el mundo está de vacaciones, dar un buenos días discreto y unos sollozos, símbolo de vida. Y avanzar y amar eternamente este mes tan veraniego, imágenes de arena caliente, de amores de verano, de recuerdos para siempre jamás gravados.

36. Un año equinoccio. 36 dividido entre dos y el tiempo que abrí las alas, sola, siempre con esa bonita isla como base. 36 años de aventuras con ellos, con vosotros también.

Y dar las gracias por esas 36 maravillas vividas. Sin fasto, sin manteles dorados ni candelabros. En la playa, bajo los pinos. Y murmurar millones de gracias de un lado y de otro, susurrar a todas esas manos amistosas gracias merci gràcies que van llegando desde hace algunos días, y a los que aún quedan por llegar porque el mes de agosto es eso, olvidar y acordarse y estirar los días que pasan.

Y comer un pastel, comer pasteles en familia, con mis amores. Hacer plof en el mar, en la piscina y darse cuenta que, finalmente, 36 es una bonita cifra. Abrir grande muy grande el corazón, respirar y S O N R E Í R, más aún!

Lifestyle

4 años de una boda de 12 en Menorca

Una boda íntima en Menorca

A veces leo que si las bodas esto o aquello, que si hay gente a quién les gustan las bodas y otra gente que las odia, los que se sienten forzados a hacer grandes bodas, los que se pelean mientras organizan la boda, aquellos otros para quienes una boda es algo sumamente importante, los que…

Y hoy, simplemente, tengo ganas de deciros que para mi una boda debe, ante todo, asemejarse a los novios y que una pequeña boda e íntima puede también resultar muy bonita y emotiva. ¡Nosotros lo hicimos y hoy hace 4 años de ello!

Decidimos casarnos en enero de 2011. Sin pedida, sin más historias. Lo hablamos con una copita de vino blanco en casa, un viernes por la noche de invierno. Él no es fan de bodas. Yo no soy fan de fiestas con tropecientos invitados. Él dice no tener nada que demostrar ante los demás, que me ama, que nos amamos. A mi no me gustan los vestidos largos de novia, ni parecer un merengue. Pero lo hablamos y supimos que era mejor si nos casábamos. Somos de nacionalidades distintas, europeos los dos, cierto, pero como queríamos tener hijos, queríamos que los papeles estuvieran en regla. La unión civil en Francia no significa nada en España y viceversa.

Una boda íntima en MenorcaUna boda íntima en MenorcaUna boda íntima en MenorcaUna boda íntima en Menorca

Y finalmente decidimos, con una gran sonrisa, celebrar una boda sencilla pero bonita, romántica y en un marco precioso. Decidimos casarnos ese verano mismo, en 2011. Menorca resultó ser el lugar ideal. La isla es magnífica y además esa sería la ocasión para que la familia de ChériGuiri la descubriera. En seis meses lo organizamos todo: restaurante, ayuntamiento, vestido blanco corto (eso me encantó), flores, peluquería…lo hicimos todo sin estrés, como nos gusta. Además, a distancia, con la ayuda de mis padres y un único viaje previo y relámpago que yo hice un par de meses antes.

Fuimos 12, nosotros incluidos. Los padres de ChériGuiri, su hermano y su hermana, mis padres, uno de sus mejores amigos como testigo, con su mujer y una de mis mejores amigas como testigo, con su chico. Tanto nuestras familias como nuestros amigos entendieron a la perfección nuestro deseo de una boda sencilla y es que no siempre es fácil de hacer viajar la gente, hacer coincidir fechas, etc. Si ya es difícil, a veces, organizar una boda entre dos personas de una misma ciudad o de un mismo país, imaginaos cuando “coger aviones” se convierte en primordial para asistir a dicha boda. Además y sobre todo, no queríamos que nuestra posible lista de invitados se perfilara en función de la capacidad económica de la gente, me explico: Menorca es una bella isla pero sigue estando un tanto mal comunicada y es un poco caro llegar.

Una boda íntima en Menorca

Así pues, y ya hace 4 años de eso, celebramos una boda muy a imagen nuestra, en una isla magnífica, con unas familias felices y con seres queridos que entendieron nuestra elección. Nos sentimos amados, rodeados, respetados, dijimos Oui, dijimos Sí.

Porque una boda no es para ponerse de los nervios, una boda debe ser realmente como la soñamos o al menos ese es nuestro punto de vista!
Fotos de Damià Rotger y de la web del Hotel Son Granot donde se ofició la ceremonia