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Bailemos el verano

Bailemos el verano

El verano se deja mostrar, sonreímos y empezamos a quitarnos ropa. Cuidamos de nuestros bonitos pies, calzamos de nuevo las sandalias, dejando a mano las bailarinas para el fresco de las mañanas. Los del sur ya mueren de calor. Los demás seguimos soñando. Soñamos en las vacaciones, en ese lugar anhelado donde pasaremos unos días. Seguimos trabajando pero con la cabeza puesta ya en ese granito de arena que se ha pegado en el huequecito del codo o detrás de nuestra oreja. Con el beso enamorado de nuestro amor o de esa mamá que cura la pupita de esos piececitos que se mueren de calor sobre la arena recaliente.

Mediados de junio, en unos días el solsticio de verano. Fuegos artificiales y barbacoas, baños en el mar y carcajadas. Ganas de gandulear y de marchar lejos. O simplemente de saborear esos pequeños placeres cotidianos y tomar el tiempo de degustar el tiempo. Reírse a su lado. Oler la crema de protección solar. Desconectar, olvidarse del smartphone, coger los trastos e irse a la playa. Escribir algunas postales bien bonitas y leer nuestras revistas preferidas, en la hamaca, en la arena, en el jardín, en la terraza. Oler el calor que se pega a la piel y sudar. Tomar una de esas duchas que tanto apetecen. Embalsamar el cuerpo y ponerse un poco de pintalabios rojo y decir un te quiero.

Bailemos el verano

Verano. Paréntesis singular particular. Apretar en pausa y hacer clic y tomar unos clichés. Recuerdos para siempre jamás grabados en nuestras retinas. Y en los corazones. Subir al avión, tomar la carretera o el tren, soltar rienda suelta y cantar, sonreír, reír, abrazarse, dormir, brindar y bailar.

Bailar el verano. Esto es lo que es. Les mots de Marguerite en modo estival.

Vivir en el extranjero

Aprender a ser mamá en Francia

¡Convertirse en mamá es una muy bonita historia!

Es una historia que podríamos escribir con palabras dulces, pequeñitas y cuquitas, con balbuceos que dejaríamos a modo de huella en un papel de algodón, sedoso y perfumado con un agradable olor a piel de bebé. Convertirse en mamá es enamorarse todos los días de una cosita que ha llegado al mundo para aumentar la familia, es también enamorarse de un papá que descubrimos.Ser mamá en Francia

… todo eso se podría enmarcar como una poesía pero después, de vez en cuando, la realidad de la vida misma nos atrapa, como ese despertador que suena cada mañana, como ese trabajo al que tenemos que acudir, como esa cosita bonita y pequeñita que a veces se pone enferma o como cuando tenemos que encontrar a alguien que cuide de ella. Porque la vida misma, la de todos los días también se pinta con los colores del poeta de la vida diaria. Y eso es algo que nos gusta.

La princesita llegó al mundo para salpimentar mi vida de mujer en el extranjero. Vino para pintar de colores alegres mi poesía made in Francia, me abrió las puertas de un librito de canciones infantiles a la francesa, vino e hizo “toc toc” maman-mamà estoy aquí y tendrás que aprender y recorrer los caminos de las mamás en Francia.

Ser mamá en Francia

Porque ser mamá en Francia no es lo mismo que ser mamá en China, en Berlín, en New York o en España.

Porque ella y yo formamos una pareja de ases y a veces nos reímos y a veces lloramos. Porque nunca he sido mamá en España pero crecí en ese país. Porque conozco Francia pero desde una visión de no-mamá. Y ahora, desde hace dos años, ella y yo descubrimos juntas esa poesía que da ritmo a la vida diaria de las madres en Francia. Ella aprende. Yo aprendo.

Aprendemos:

– Las “nounous” en Francia y los RAM y los multi-accueil que no es lo mismo, pero casi, que una halte-garderie y una guardería y yo qué sé más…
– Las libretas de salud infantil a la francesa porque cuando yo era pequeña, eso no existía en España. Ahora creo que sí. Así pues, aprendo e intento entender.
– La pirámide de los alimentos que se recomienda en Francia, porque hay que empezar por las verduras y no por la fruta o es al revés? Porque la pediatra puso cara rara cuando le dije que ya había dado garbanzos cocidos a la niña cuando tenía 16 o 18 meses. Y qué, en México no comerán igual, ¿no?
– Que un día me dijeran, cuando era muy bebé, que la vestía muy a la española, así con cositas más bien clasiquitas y tradicionales. Sí, cierto, yo también me he dado cuenta de que la ropita de recién nacido en España es mucho más clásica que aquí. ¿Y qué? Me encanta (por cierto, mirad sino Charlotte de Cambridge, que dicen que también vestía moda española en sus primeras apariciones públicas!)
– Que sorprendiera a más de uno el hecho de que pusiéramos pendientes a la princesita cuando era casi recién nacida.
– Que la seguridad social me cambiara automáticamente mi apellido desde el momento en que constataron que había sido madre. ¿Perdón? Yo nunca he cambiado de apellido y además, mi hija, lleva los dos.
– Que eso de las “nounous” al final, está super bien!
– El linimento óleo calcáreo que es genial para lavar el culito de los bebés. ¿Por qué no se usa en otros países?
– Los miércoles que son un poco el “día de los niños-día de las madres” porque no hay cole (no había porque cierta reforma escolar está cambiando las costumbres) y que el año pasado la princesita estaba sola en casa de la “nounou”. En Francia los niños están acostumbrados a ir al cole 4 días y hay cierta polémica al respecto.
– Ese ritmo suave, justamente, ese ritmo de tener “vacaciones escolares” cada seis semanas aproximadamente.
– (…)

Una poesía diaria de las mamás en Francia y a la francesa que valsa al ritmo de las cosas más bellas! Porque al fin y al cabo, cogemos lo bueno y dejamos de lado los (re)versos sin rima y las disonancias que resuenan demasiado! ¡Porque somos un poco mamá de aquí y de allí con una hijita un poco de aquí y de allí!
Freelance

Redactor web – Creador de contenidos – Copywriter (una historia de pucheros)

Escribir, escribir y seguir escribiendo. Todo el día. Teclear. Garabatear palabras en un papel. Tachar, borrar, empezar de nuevo. Retomar la frase y cambiar el punto y coma. Pensar. Buscar en un diccionario y encontrar sinónimos. Transponer y traducir, es decir, escribir también.

Redactor web - Creador de contenidos - Copywriter

El trabajo de escritura no es una tarea simple ni simplista. Escribir es trabajo del intelecto, del alma y de la técnica. Un cocido que cuece a fuego lento, que debe salpimentarse y que tiene incluso que darse a probar.

Los niños escriben, los médicos también, los artesanos y los abogados, los guionistas y los carteros. ¡Qué alegria saber amar escribir! Y con ese fondo sonoro de notas saltimbanquis de piano-jazz-ballet que me acompañan en la escritura del día, tengo ganas de deciros que a mí, este cocido me gusta con locura.

La historia del cocido

Es un cocido que tiene ingredientes variables, un buen trozo de carne de ternera para el director de industria, un poco de pollo con gusto más fino para la amante de repostería y por qué no, un poco de col adornada con zanahorias y cebolla para conseguir esa mascarilla facial para el cliente del sector de los cosméticos.

Y es que hay gente que se pregunta que qué es ese oficio de redactor en la era digital. Ser traductor es más fácil de entender y sin embargo para traducir es otra pasta la que se tiene que amasar. Pero redactar, escribir artículos, hacer páginas web, resulta a veces un tanto raro para la gente.

Es tan variado que incluso entre colegas se eligen etiquetas distintas. Unos dicen ser redactores web, otros creadores de contenidos, otros también dicen ser copywriters. Cierto, hay matices, como aquél que prefiere el cocido un poco más salado y aquél otro que pone un poco de tomillo, pero en el fondo, todos hacemos creamos redactamos. Cierto, cada uno tiene su estilo y menos mal! Allá cada uno con sus especialidades y menos mal! Sí, porque en el fondo, a veces, ¡una rica sopa de langosta sabe mejor que un cocido!

Todos trabajamos en y para la comunicación, para llegar a nuestro público objetivo y vender, hablar, comunicar, hacer marketing sobre un producto, una empresa o una idea. Para ello, distinguimos varias etapas. Primero vamos al mercado para llenar nuestra cesta, es cuando encontramos al cliente porque necesitamos informaciones para elaborar nuestro texto. Después, pasaremos a la etapa de pelar y preparar los ingredientes, nos documentamos, preparamos un plan, un esquema, sabemos qué ingredientes es mejor añadir en primer lugar al cocido para que sea más sabroso y jugoso. A imagen de la regla de la pirámide invertida, herencia del periodismo y que nos permitirá empezar por lo esencial. También se habla de gancho, de eslogans, podremos escribir fichas de productos o textos publicitarios. Y sobre todo, no podemos dejar de servir eso sin un poco de posicionamiento natural (SEO).

Redactor web - Creador de contenidos - Copywriter

Y así pues, tendremos nuestro cocido listo para comer pero atención, a diferencia de lo que mucha gente puede pensar, uno no se convierte en redactor, copywriter o creador de contenidos en un abrir y cerrar de ojos. Normalmente, los redactores web salen de facultades de comunicación o de publicidad, son periodistas o han cursados estudios literarios y de letras. Se necesita rigor, un conocimiento fino de la lengua, algo de diplomacia, saber ponerse en el lugar del otro y sobre todo, amar y querer jugar con la lengua!

¿Así pues, cocido o no cocido?